LAS PREGUNTAS DEL REPLICANTEHay una película de los ochenta por la que siento verdadera predilección. Justo ahora cumple 25 años. Seguro que habéis oído hablar de ella: Blade Runner. Allí tenemos a Harrison Ford, todavía joven, encarnando a un blade runner, un policía espacial encargado de atrapar y retirar de la circulación a unos seres llamados "replicantes". Estos replicantes eran algo así como robots perfectos prácticamente imposibles de diferenciar de los humanos. De hecho la película empieza con un interrogatorio en el que se trata de dilucidar si el interrogado es replicante o humano. Lo descubren cuando le preguntan por su infancia, especialmente por su madre; ya sabéis cómo reaccionó. Las altas esferas del orden establecido estaban muy preocupadas porque sabían que había una banda de replicantes de última generación que se había dado cuenta de su condición y había venido a la Tierra para ver a su fabricante, básicamente para obtener respuestas. |
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¿Sabéis cuáles eran las preguntas cruciales? *¿Por qué nos hiciste? *¿Por qué nos hiciste ASÍ? *¿Cuánto tiempo me queda? La primera tendría una respuesta clara: porque podía y porque erais útiles. La segunda, por afán de perfección, por deseo de tener un espejo como el de la reina malvada de Blancanieves. ¿Cuánto tiempo me
queda? En realidad, más que una pregunta es una desgarradora
incertidumbre: todo lo que he sentido, lo que he hecho... ¿se desvanece
sin más? Seguro que también sabréis el final del interrogatorio a su fabricante, a su creador. El replicante que sobrevive a la persecución del Blade Runner acaba matando con sus propias manos a su hacedor, porque en el fondo sólo esperaba de él respuestas y no encuentra más que una profunda decepción que agranda todavía más el vacío y la desesperación que le torturaban. Esa película está
basada en una novela de ciencia ficción, o quizá no es tan correcto lo
de "ficción" porque cada vez que la veo vuelvo a estremecerme
al darme cuenta de que lo que hace el replicante abiertamente y sin
tapujos, sus inquietudes, sus preguntas, son las mismas que nosotros nos
hacemos, eso sí, disimuladamente, en la soledad para que nadie se dé
cuenta y nos tome por místicos o tontos, que hoy día viene a ser lo
mismo. Nos hacemos la mismas
preguntas. Ejecutamos la misma sentencia cuando no encontramos la
respuesta: matamos al Hacedor, al Creador. Hemos matado a Dios (y no me
estoy refiriendo a la cruz). Todas las filosofías, ideologías y formas
de vida de nuestra sociedad (habla un europeo) son herederas, directa o
indirectamente, de las bases fundamentales de la filosofía de Nietsche:
"Dios ha muerto, viva el superhombre". Esa es una respuesta,
eliminar al Dios arbitrario e impotente. La otra es parecida: tal vez no
lo mato yo, pero me lo encuentro muerto y uso sus restos. Convierto a Dios
en algo que pueda usar. Me fabrico (ahora soy yo el hacedor) un "gadgetodiós",
"gadgetosanantón" o "gadgetosantabárbara". Hasta tal
punto es esto así que estos artilugios artesanos se convierten en
folclore; utilitarismo religioso y artesanía religiosa a nuestra medida,
todo realmente valioso desde el punto de vista de la cultura o de la
antropología, pero tan lejos, tan infinitamente lejos, del Dios real, que
su Palabra dice que sólo hay una forma de descubrir y vivir su realidad:
nacer de nuevo. En la película de que
hablábamos, aquellas criaturas tenían que ir subiendo toda una escala de
intermediarios para llegar a su creador. A nosotros también nos han enseñado
todo un camino de intermediarios para llegar a Dios. Eso es la religión,
sea cual sea su apellido. Pero eso no es en absoluto el cristianismo tal
como el evangelio lo muestra. Y es ese montaje el que realmente nos
decepciona, el que no da la respuesta que buscamos, porque no buscamos
respuestas preestablecidas, respuestas de catecismo, buscamos la última
respuesta, buscamos la vida. La religión
proporciona estructuras, sistemas morales, de convivencia, etc., pero la
vida sólo hay Uno que pueda darla y ese Uno no está encerrado en una
torre intentando esquivar a los que le buscan; no, él se identifica
plenamente con nosotros, se hizo hombre, vivió la vida auténtica y le
mataron por ser auténtico. Pero en su muerte no hubo una derrota, porque
en ella canceló nuestra deuda, paró la cuenta atrás hacia nuestra
muerte, nos abrió la puerta de la eternidad. Él dio su vida para
eso. Él responde a las grandes preguntas: *¿Por qué me
hiciste? Por amor *¿Por qué me hiciste así? Yo no te hice exactamente así *¿Cuánto tiempo me queda? Todo, si quieres. Acércate a Dios, dirígete a Jesús, con arrepentimiento realista y con absoluta confianza: "Al que a mí viene, no le echo fuera" (Juan 6:37)
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